viernes, 2 de marzo de 2018

TUKULPAIMUN TUKUKAN Memorias de Siembra

Querida amiga:
Ha sido un privilegio impregnarme de esta lectura. Apasionante y emotivo. Qué ganas de estar más cerca y trabajar juntas.
Imposible escribir un breve comentario. Puse muchas ideas, estoy consciente del extenso trabajo. Pero ante tanto Kimün imposible no explayarse y sé que no hice justicia con todo lo que esta recopilación encierra.
Un abrazo grande, felicitaciones, cariños y que Wenu Chaw bendiga a todos y todas los que trabajaron en estos escritos con Newen y Kimün.
ÑukeMapukaWenuChaw, nos han dado este hogar, con montañas, bosques, cursos de agua, selva, valle y mar. La lluvia, el viento y los demás fenómenos naturales que nos comunican como sobrellevar todos los cambios que nutren nuestro espíritu para poder obtener el Kimün y el Newen que nos identifica, para conservar nuestra Cosmovisión, Cultura e Idioma.
En nuestra Cosmovisión, la Vida tiene un valor sagrado desde su concepción hasta el día de su viaje eterno siendo ya muy mayor; más aún si se trata de una persona sabia, puede transformarse en Ngen. Cada detalle de su vida, está destinado, informado y corroborado por nuestros ancestros que de generación en generación han trasmitido estas enseñanzas y valores que no se tranzan. Razón es el tiempo que nuestra Nación Mapuche ha sobrevivido ya por más de 12.000 años en este territorio.
“El pueblo que defiende su Cultura, no pierde su Identidad.”
Me he deleitado con lo que éste trabajo entrega en las experiencias, sentimientos, valores y respeto por la vida, su verdadero significado y sentido del nacimiento. Un bebé llega y no sólo a su familia, sino que a una comunidad que debe recibirlo y aceptar las consecuencias que genera una nueva vida en un grupo familiar y comunitario.Consecuencias obviamente positivas, ya que se espera que sea un Norche.
Los sentimientos relatados por mujeres que deciden vivir el parto intercultural, la experiencia relatada del efecto que provocará en el recién nacido es para toda su vida. Genera una Fe, Esperanza y Alegría, pues recibe el Newen Ancestral en la música del Kültrün, el Llellepün que él escucha mientras con su madre están en trabajo de parto, le dará la energía de entrar a un nuevo mundo guiado por las estrellas que le identifican. La siembra de su compañero de vida (placenta), su protector, es un tesoro digno de defender a que siga siendo reconocido en todas las latitudes donde nazca un Mapuche.
La salud, bienestar de la mujer, el empoderamiento de su Mapu-Kalul (territorio cuerpo) sus decisiones al respecto, impresionan y emocionan. Un trabajo apasionante para quién vive como Mapurbe. Lejos de la comunidad, donde ya no se puede libremente vivir ancestralmente en ceremonias que nutren nuestra vida espiritual.
La Naturaleza habla en la Voz de su Gente y por todo lo que le entrega con energía que no cambia, sólo se renueva, es que mantiene la Identidad de un Valeroso Pueblo que no tranza sus valores.
Agradecida de que existan programas PESPI o esta ONG, para que se abran las mentes a la Interculturalidad y nos respetemos, aceptemos y compartamos conocimientos con el fin de crecer y obtener una mejor calidad de vida.
Isabel Orellana Fuentes
WerkenAsoc.Indígena Rayen Pewen de Rancagua, Sexta Región.
Reportera Directora Nacional de Prensamérica para Pueblos Originarios.
Secretaria Mesa Regional Mapuche Sexta Región.
ELCI en Jardín Campanita de Rancagua
Educadora Tradicional.

TUKULPAIMUN TUKUKAN
Memorias de Siembra
Única Edición
Escritura Vivencial 2017
Recopilación: Jacqueline Lagos Maragaño

Los relatos recogidos aquí transmiten esa huella que deja el conocimiento de la relación de las personas con la naturaleza, la práctica ancestral del parto intercultural. Una reconsideración amorosa y necesaria de ritos, símbolos y sabiduría gestatoria de las mujeres que junto a su familia han elegido la sagrada ceremonia del nacimiento, pasión por  nuevas vidas, nuevos seres humanos con arraigo a la tierra, respeto al primer vientre. La tradición ancestral mapuche nos guía a sembrar la placenta en la tierra después del alumbramiento y plantar un árbol sagrado sobre ella, de esta manera la mantendremos protegida. Es considerada un órgano que tiene alma y que cumple la función de salvaguardar y acompañar al niño o niña durante la gestación. El sentido de “siembra” es, el arraigo del pichikeche a la Ñuke Mapu  y a su historia ancestral, se considera también como un acto de agradecimiento a la Madre Tierra por todo lo que nos entrega desde que llegamos a ella.


* Esta publicación fue financiada mediante un proyecto FNDR 2%Cultura 2017. Región de Los Lagos. Ejecutado por  ONG El Canelo de Nos. Para citar textos se debe mencionar siempre la fuente. Entendiéndose por derechos reservados la protección y el respeto a las entrevistadas y a la obra que es creación original de la expresión de quienes participaron en los talleres. Ilustraciòn: Mònica Endreess B. Diseño: Cristobal Sandoval Lagos. Ediciòn: Una Temporada en Isla Negra.


miércoles, 24 de enero de 2018

Se ha dicho de Mis primeros años


Hola Jackie,
Bueno, lo primero es agradecerte por tu regalo, ambos libros los cuido y los cuidaré mucho porque son los primeros que me regala la propia autora. Lo segundo es decirte que  leí primero la bruja y después mis primeros años. Con la bruja me sorprendí con el imaginario que abres, tus atmósferas son mágicamente sureñas como la dedicatoria que me hiciste y eso es una parte de tu marca personal. Sabes,  no me ubicaba en qué momento estoy en la prosa o en los versos... después deje de preguntármelo y ahí encontré algo que es muy bueno en tu forma de escribir, eres como el degrade de los colores y no sabes en qué momento se mezcló uno con otro, la poética con la narración que llevas, hay una simpleza elegante en tu manera de escribir y eso me gusto mucho. Todo esto que te digo no es una crítica ni mucho menos, solo son mis apreciaciones. En cuanto a lo que escribes, debo confesarte que es una literatura muy lejana a mí y en realidad es primera vez que tengo un libro de esta naturaleza, muy  vivencial, o al menos siento que al leerlo conocí una intima parte de ti, cosa que con otros autores no siempre ocurre o su intimidad está muy oculta en ficciones, donde los signos personales podrían costar mucho más descifrarlos. Eso me mostró de ti una sinceridad existente y  estas son las apreciaciones que no pretenden nada más que las conozcas. Te felicito por tu libro, y te agradezco por dármelo. Ahora te cuento lo que me paso con "mis primeros años" me gusto mucho y me gusto porque simplemente me imagine en una película todo lo que contabas... tu casa tu abuela. Me pareció aborrecible el ricachón, bueno en síntesis me imaginé completito el lugar y eso te lo agradezco, todo con mucha simpleza, como lo relata una niña contándolo a otra amiga, tenía esa ternura y ese calor que son queribles... me acordaba cuando lo leía que mi mamá decía cuando yo era un niño que a ella le gustaría volver a ser una niña, hace un par de años yo digo lo mismo. En tu libro veo a una mujer rememorando... parece que todos seríamos niños y niñas de nuevo... y buscamos nuestras maneras... yo juego en un escenario tu sabes a ser quien no soy y tu libro me da la sensación de ser un vestigio de tu niñez que quedó para siempre... Es muy bello, te "refelicito" por tus primeros años.
Bueno así concluye mi sentir para ti. Agradezco mucho por darme tu arte y espero que veas mi arte teatral donde nosotros con mi grupo podamos entregarte a ti un regalo que pueda servirte, para soñar, para pensar, recordar, o para lo que quieras, pero que te sirva... muchas gracias.
Me demoré, pero escribí.
Danilo Orrego

viernes, 12 de enero de 2018

Acto Poético. Taller de escritura vivencial


YO NACÍ
Yo nací con los pies descalzos,
Yo nací con los ojos abiertos,
Con libertad,
Con el corazón latiendo,
Con el pecho abierto,
El alma danzando
Y el agua respirando.
Yo nací tibia, nací mirando,
Nací temblando, nací despierta
Nací con ansias de mirar colores,
Probar sabores, tocar texturas.
Nací con alas de cielo
Nací caminando al revés
Nací escalando soles azules.

Anajoaquina Flores, Trabajadora Social feminista, feliz, espontánea, escaladora de soles azules, “la sonrisa y la alegría viven en mí, saltadora de precipicios voladores. Nací para volar. Vibradora y danzante de vida. Amor y gracia”.



Me acuerdo de mis manos sucias y uñas negras, mi polera cuello largo, blanco y manchado. Me acuerdo llegando al trabajo de mi madre por las tardes cuando se escondía lentamente el sol, con mis labios morados de frío, mis palmas arrugadas, ropa mojada y mis zapatillas colgando en mis manos. Me acuerdo de los juegos con cachorros abandonados, alimentarlos, usar mi vestimenta para abrigarlos e intentar convencer a mi madre para llevarlos a casa. Me acuerdo de mis amigos los artesanos callejeros, aquellos que llegaban en verano al muelle y yo pintando con ellos tardes enteras, me acuerdo de la rabia de mi madre cuando me encontraba luego de un recorrido completo por los palafitos para finalmente pillarme en un pequeño muelle que daba al mar. Me acuerdo pequeña llegando del jardín, levantando la ropa de mi madre para tomar la teta. Me acuerdo de la música andina por la vereda, de los hippies vendiendo sus artesanías con sus guaguas en brazo, de la mujer que vendía los diarios y me hablaba de la palabra de dios y yo sin entender nada, de los que cuidaban autos gritándome “oshin”, del hombre sordo retándome por correr por los pasillos, de un pequeño ático en un puesto de pescado donde me arrancaba a mirar “scobydoo” y la mujer cómplice que me lo permitía y me escondía de mi madre, de la vendedoras de artesanías de lana y madera dándome mate cuando las pasaba a ver, de la estufa a parafina en los días de invierno en las pequeñas queserías, de mi abuelo y su mano temblorosa cortando queso, de la caja de mi padre donde pescaba puños de monedas para ir a comprar golosinas, de la mujer que nos arrendaba un pequeño bote por doscientos pesos para cruzar el canal e ir a la playa solos mientras nuestras familias trabajaban al otro lado, de las botellas llenas de pequeñas “pancoras” cuando bajaba la marea, de la media rota de mamá para jugar al “elástico” antes de ir a la escuela, de los ciento cincuenta pesos que costaba tomar sola el colectivo para llegar a quinto básico, de los días de verano donde el calor era tanto en esas pequeñas cocinas que las trabajadoras se “manguereaban” al terminar la jornada, de cuando no había más juego que imitarlas y convencía a los extranjeros para que pasaran a comer.
Si recuerdo mi niñez, viajo a Angelmó, ese lugar turístico en el muelle de Puerto Montt… de galpones hechos cocinerías, de cocinas a gas al aire libre con peroles gigantes haciendo “pullmay”, del mar frente a mí, lleno de botes de colores, de un mercado gigante con puestos enormes donde bajo las frutas y verduras estaba la casa de las verduleras con sus alimentos y pequeños calderos para no penetrar el duro frío junto al mar.

Antü Malen: Admiradora de Frida Kalho, “Pies pa’ qué los quiero si tengo alas pa’ volar”. Feminista, Trabajadora Social, Sureña, Aficionada a congelar momentos, Reír, Soñar

miércoles, 10 de enero de 2018

Algunos testimonios



"Gracias  por la oportunidad. Gracias a Uds. conocí gente maravillosa, aprendí a darme tiempo, a valorarme, a disfrutar de ese tiempo que es “para mí”, ahora sé que puedo hacerlo.
Agradezco de todo corazón por haber sido parte  aquí, en este taller, donde aprendí mucho, me reí, lloré, me emocione, sentí alegría, pena, rabia… encontrarme con mis vivencias, escribirlas ha sido una retroalimentación también. Valoré mi entorno. Conocí a mis compañeras, mis vecinas. Gracias. Yo soy Yajaira"


“Todo ha estado bien, me siento acogida en este taller y quiero seguir. Ojalá siga, esto es medicina” (Edith)



“Asumo un compromiso conmigo primero, reconocerme que soy una mujer capaz, buscar y trabajar en mi autoestima, entregarme, escucharme, ayudar a mis compañeras, hacerlo con cariño. Hoy aprendí algo nuevo, la palabra sororidad. Esto ha sido muy bonito, compartir con todas las chiquillas, amorosas, simpáticas, tienen carisma “las profes”. Me alegra venir a este taller.” (Marìa)

“Este taller ha sido para mí muy interesante muy productivo, con harto compañerismo, ha sido un apoyo tremendo para mí, me distraje también, lo he pasado muy bien. Lo único que es muy corto, ojalá pueda darse otro encuentro.” (Margarita)


“En estos talleres me siento como en casa, acogida, destaco la sencillez de la personas que están, su ternura, nos hacen olvidar los problemas” (Anita)



“Este taller fue muy lindo, haber compartido la escritura de mi con mis compañeras fue excelente. Me gustaría seguir. Aprendí mucho” (Verónica).

"Soy una niña de nueve años que en cinco años será  más grande, tendré catorce, estaré en un liceo, me seguirá gustando el basquetbol y la gimnasia rítmica y el patinaje. Acompañaré a mis padres en el lindo camino de criar a mi hermano, trataré día a día de ser una adolescente educada, respetuosa, generosa. Quiero obtener una beca. Quiero ser profesora de Educación Física.
Aprendí una palabra nueva “sororidad”, por eso quiero estudiar. Esta mi generación puede lograr cambiar nuestra forma de ver la vida más adelante, vernos con más cariño, sin rivalidades. Este taller me parece divertido, encuentro paz y me gustó escribir con  mujeres  adultas." (Amparo)

sábado, 9 de diciembre de 2017

La Diosa

Soy el nenúfar que despierta las sequías de tu corazón

 La Maga no era una mujer cualquiera, era una adivina hermosa, un hada aparecida de la nada, habitaba noches de Luna Llena en la cima de aquel cerro. Desde entonces la primavera inundaba  el lugar, elixires que guardaba  para sus baños de invierno.
Cuenta la leyenda que nació en Palenque, fue enviada al desierto cuando era niña, fue criada por Aymaras, creció cantando y tocando el tambor en tabernas, se enamoró de un viajero cósmico.
¿Alguno de Uds. sabe cómo se conquista a una mujer?
Siempre parecía estar arreglando un vestido azul sobrecogido  que llevaba puesto, ella los miraba de reojo sonriendo interiormente.
No se congelen, no huyan,  no dejen que sus miradas se enfríen. Cuando vayas con la Señora de la Tierra no ocultes tu faz, ni tomes nada sin permiso, no olvides dejar tu ofrenda, la Dama del Cielo abrirá sus puertas y recompensará tus oleajes. El hombre que se atreve a saber ver el vuelo de una mujer es un maestro. Les decía.
Era enérgica, dispersa, fuego y silencio, de hielos y volcanes. Era de brujas, de serpientes, de plumas, de piedras, de baúles, de flores, de  gatos, de perros, de luna, de sol. De colores, de rezo interior, de rojo corazón.  Educadora de los encuentros, del silencio. De la constelación, de la desintegración, del laberinto… 
Ella la mujer-antigua, que re-aprende, re-anima,  re-nace y fortalece. Ella ,la Guardiana del Kutral, la Diosa Azul.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Talleres de Escritura Vivencial

La Escritura Vivencial, es  una técnica de desarrollo personal, de autoconocimiento y de expresión emocional. Por tanto no es necesario poseer ningún requisito especial, sino simplemente sentir la necesidad de explorarnos a través del arte. Sirviendo igualmente para procesos de cambio, como vía de autoconocimiento y para desarrollar ciertas habilidades como la creatividad, percepción, intuición, etc. La obra es valiosa  siempre, porque nace de la autenticidad de la creadora.

Mi quehacer es dejar  testimonios de mujeres protagonistas de sus vidas, aquellas que hicieron de sus experiencias una hazaña. Y como dijo Michelle Bachelet Jeria, “ el coraje es una disposición cotidiana a la acción y la entereza. Es una fuerza permanente. Las conquistas de las mujeres son siempre solidarias. De lo que se logra para una, abre espacios también para otras”
 Desde una mirada holística de empoderamiento y autonomía en las mujeres, me he brindado estos espacios de diálogo y cultura. Cada encuentro es motivado por el interés de seguir avanzando juntas, sabiendo que los desafíos son personales pero también sociales y comunitarios. Internalizar que de nosotras depende articularnos, seguir educándonos, avanzando cada día en la felicidad de ser mujeres autónomas y emprendedoras, sanas y felices.

Me siento agradecida de personas e instituciones por la oportunidad que me brindan,  conocer a mujeres maravillosas que no tengo dudas hacen  cambios en su buen vivir  comunitario donde participan y viven. El coraje de escribir y compartir emociones hace que finalmente nos sintamos capaces de contribuir desde la confianza de quienes realmente somos a estos tiempos de nuevas miradas. Las mujeres tenemos que participar en política, es el camino a la transformación que queremos. La cultura no es ajena. Yo creo en eso


Jacqueline Lagos Maragaño
 Escritora y Coordinadora de Talleres de Escritura Vivencial
jackielagos@gmail.com




lunes, 4 de septiembre de 2017

Se ha dicho de Mis primeros años...

Querida Jacqueline: 

He ido dando vueltas a las páginas de "Mis Primeros Años", no hay vida fácil para nadie... dentro de ese candor que te es, hay un mundo enorme por el que has vivido, las desigualdades, el trabajo, el tesón y la lozanía tuya para volcarte allí. 
Mis vivencias en el Sur, me permiten entender tu mensaje, ese calor tremendo que emana, calor de humanidad, espontáneo, sencillo, sin rebuscamientos, miro para otro lado los gazapos, tal vez como cosa natural en los libros que nos imprimen en la provincia, donde el corrector de pruebas al final de una página duerme y cierra el libro como leído.
Pero, eso no es lo importante, más fuerte es la vida que se transmiten desde los poros, la sangre, el latido, la ternura. Por sobre todo, el optimismo, ese que carecemos los "letrados"... los que siempre estamos viendo un mundo de negro.
La vuelta a palabras que se convierten en arcaismos como: botica, tantos años ...
¡Ah!, no me gustó que le metieras agua a la copa de la abuela... no.... el sabor de la pena muere en un sorbo de aguardiente o vino.

Gracias por conocerte.

Eduardo Díaz Espinoza- Antofagasta.Chile(2007)




MIS PRIMEROS AÑOS

A este aquelarre de las letras llegan los parientes, los amigos, los amantes de la lengua, los seres queridos de ayer y de hoy. Parecen sentirse en el silencio de este momento los pasos cansados de la abuela, de los seres queridos que, como dice la escritora, bajaron desde el cielo para compartir con ellos y como tantas veces al calor del brasero los recuerdos del día, los sueños del futuro.

Hoy nos hemos reunido para compartir el nacimiento de un hijo más de Jacqueline Lagos. Esta mujer del campo y la ciudad, de la tierra de los bosques húmedos, de las praderas con ganado, de los volcanes nevados, de patrones y peones.

A éste su primer hijo literario, como Mis primeros años lo ha bautizado, lo saludamos desde las altas cumbres desde la soledad y el silencio del norte atacameño.

Leer las poéticas páginas del transparente del texto de Jacqueline es una invitación a la reflexión acerca de la identidad, la familia, la vida.

Vivir es búsqueda, es enfrentar desafíos personales, sociales, intelectuales, y las palabras del texto escrito nos hablan de ese vivir con ternura, con nostalgia, con modestia, con transparencia, franqueza y honestidad, así la autora va recorriendo los juegos en el campo, las enseñanzas de su viejo, su abuelo; las travesuras de sus hermanos; el cariño de su abuela, con humor, con franqueza, pero también con un profundo afecto por sus raíces, por los suyos.

Es un relato que se transforma en un extenso racconto  donde llama la atención la búsqueda de las raíces, la necesidad de dejar un mensaje a los suyos. Porque para Jacqueline, vivir es intentar permanentemente a cada instante y en todo instante, construirse como persona, construirnos como seres humanos consecuentes, con los  valores que nuestro entorno familiar nos ha dado y que nosotros hemos internalizado  y que nos hace ser quienes somos.

Vivir es comprometernos voluntariamente con las creencias, con las tradiciones, con la fuerza que nos dan las raíces de nuestra familia de nuestra cultura. Vivir es realizar esfuerzos  cotidianos y  permanentes por superar   nuestras   limitaciones;  es  disfrutar  de  éxitos  momentáneos y también ser capaces de superar fracasos y frustraciones que suelen invitarnos a fortalecer nuestra voluntad, nuestra tenacidad, nuestro deseo de ser, nuestra necesidad de trascender.

Ella nos dice “cómo quisiera poder traspasar en éstas páginas cada una de las emociones que hizo de mi vida en el campo una verdadera historia llena de momentos mágicos”.

El poeta nos señala que ser persona es tener la capacidad de enraizarnos en nuestra cultura, en nuestras tradiciones, en la fuerza de los lazos que vamos construyendo a lo largo de nuestra existencia y, a la vez, tener la capacidad de soñar, de volar, de construir utopías que nos permitan constatar que nuestra existencia tiene un propósito, y que nuestro quehacer cotidiano, nuestras tareas fundamentales, nuestros proyectos, nuestros esfuerzos se han dirigido a lo largo de nuestra existencia hacia esa finalidad, construyendo esa utopía. Por eso ella nos dice: “me veo en la mitad de mi vida y puedo sin temor mirar hacia atrás. Antes, parece que todo era más sencillo... yo soy una agradecida de ese tiempo que me regalaron mis viejos, hasta el amor lo viví de una manera diferente, especial, mágica”.  

El vivir se realiza con otras personas, con otros seres humanos, por ello requiere y exige de dialogo, de comunicación, de la presencia de otros seres humanos; por eso el vivir es hermoso y a pesar de los dolores que pueda depararnos y a pesar de los temores que pretenden inmovilizarnos, vivir es un desafió que exige de respuestas, de lucha, de creatividad, de sentimientos, por ello siempre el vivir es esperanzador.

En palabras de la escritora: “ahora que tengo una visión distinta de la vida, puedo admitir que mi abuelo nació para servir, para él no habían horarios ni derechos. Sé que a lo mejor no manejo las respuestas de esa vida que construyeron los viejos, pero siempre existirá la intima convicción que fueron ellos, mis sabios chamanes, los que fueron dando vida a cada una de las estrellas que les caímos del cielo, como decían ellos”.

El libro es un largo recuerdo compuesto de sentimientos, que homenajean a la herencia familiar, a la herencia de la tierra, a ese comprender de dónde venimos, quiénes somos y por qué somos. Pero no en un sentido existencialista, si no en la captura poética, sentimental, afectiva de las sensaciones, de los gestos, de los ritos que se evaporan con el tiempo y que pretendemos atesorarlos en nuestra memoria,  en nuestro corazón. Con ello, para Jacqueline “describir la casa de campo en que me crié, ataviada de una simpleza única que jugaba en perfecta armonía con quienes la ocupaban” le obliga “a agradecer a la vida cada minuto que le toco vivir” en esas habitaciones, en esa tierra, en esos huertos, que junto a sus hermanos salían a limpiar, a quemar y también a sembrar.

La autora se esfuerza en todas las páginas, de éstos sus Primeros Años por capturar esas sensaciones que no se olvidan, para que no se vayan, para que  no desparezcan, para que permanezcan eternamente junto a ella, atesoradas, pues esos recuerdos son ella misma.

Traer a la mente los momentos idos y las peripecias de niña, el sortear cada mañana “praderas con ovejas” para la autora es importante, es necesario. Recordar a sus hermanos, pensar, soñar intentar responder, “son tantas las preguntas que aún no tienen respuestas”, pero sí tienen claro que posee una pertenencia, que, como muy bien lo dice “nací para vivir esta historia”.

Está en el recuerdo de su hermana muy lista, la que “aprendió mucho antes que ella a amarrarse los cordones de los zapatos”. “y el amor a ese para de mellizos hermanos míos que más de un dolor de cabeza le causaron al viejo, el abuelo”.

También tiene palabras de especial admiración y afecto para su hermano, el único varón de la familia, que cual “salió desde muy temprana edad a trabajar, a ganarse los porotos”. El que “Era sólo un chiquillo cuando ganó su primer sueldo”. Ese hermano suyo que desde hace años es mi querido sobrino aquí en esta tierra del sol y del desierto que hoy lo cobija y donde la simiente osornina enraíza en las rocas minerales una nueva familia, que sin embargo continua siendo la vieja familia en esta tierra del desierto.

Jacqueline es una poetiza, es una escritora de la tierra del “olor a canela”, del pasto barroso en invierno, de las aguas azules de ríos y lagos, de los bosques de hojas verdes y, sin embargo, no necesita del color para enmarcar los afectos, para contarnos de estos sus primeros años, porque todo lo cubre un manto de sentimientos, de ritos, de sensaciones que permanecen, porque están destinadas a ser heredadas por los suyos, por su nueva familia.

Jacqueline es de las personas que actúa en la vida porque piensa que todo ser humano necesita plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.  Ella  ya  lo ha logrado, y ha puesto tanta fuerza, tanta ternura, tanta franqueza, tanto de ella, que “si le fuera dado el poder de volver a los años en que fuimos queridos, mimados y educados por esos viejos”, dice, “no tengo dudas que elegiríamos la misma casa, la misma escuela, el mismo amor”.

En nuestras vidas existen instantes que acompañados o no de un rito, de un acto especial o en un momento trascendente, van marcando nuestra existencia. Hoy, nos señala Jacqueline, “yo sigo echando de menos la simpleza de los días o el aspecto de las noches largas, junto a la cocina a leña allá en el campo”. “Sigo echando de menos las manos de mi abuela, retorcidas por el trabajo, minuciosas y pródigas, que parecían entonar melodías cuando tejían”.

Creemos en los sentimientos, en la agilidad de la pluma, en la belleza de la metáfora, en la modestia de la escritora. Nos felicitamos por este nuevo hijo, al que sin duda seguirán otros hermanos y ¿por qué no muchos mellizos?. Felicitaciones Jacqueline, los mejores deseos.

Por : Domingo Gómez Parra (2003)
Profesor normalista, escritor y antropólogo, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta-Chile

LAS AMIGAS SON COMO LAS TELAS

  Prólogo Las amigas son como las telas: distintas en su origen, en su textura y en su historia, pero capaces de entrelazarse para abrigo,...